Fantasmas en la hierba
Al finalizar el último post que hice sobre “Oliver y Benji” me acordé de las incalculables fantasmadas con las que solía deleitarnos esta serie. Algunas de ellas resultaban contraproducentes porque quién no ha intentado el tiro combinado y ha lesionado al compañero con el que chutaba o quién no se ha desilusionado al tirar con efecto y ver que el balón no cambiaba de dirección de forma brusca. Pensábamos que saldría con entrenamiento, pero no, todo era una farsa balompédica a escala mundial. Niños impotentes de igualar a Oliver se desilusionaban y a la vez se maravillaban en sus casas al ver su serie, pero, ¿de verdad hacía falta toda esa parafernalia?
Las fantasmadas comenzaban desde el primer instante. Los estadios en los que jugaban estaban siempre llenos con 100.000 espectadores y eso que veían un partido de infantiles. Además había un comentarista que retransmitía para todo el estadio y que incluso en ocasiones llegó a avisar de algún peligro a los protagonistas de la serie. “Oliver, ¡cuidado!” y éste responderle: “Gracias comentarista”.
Es la única serie que conozco que no resume sino que alarga la realidad hasta límites exasperantes. Algunos partidos contra el Tohú de Lenders llegaron a durar hasta 7 capítulos. Calculando, a media hora cada capítulo, 280 minutos un partido de fútbol. Normal que alguno tuviese ataques al corazón por el esfuerzo. Se dice que esto se produjo porque la serie de dibujos animados alcanzó al manga, que siempre se producía antes, y los dibujantes tuvieron que alargar los contenidos para conocer como seguía la historia. Y es que hasta la realidad que cubría el entorno de la serie era surrealista.
Por su parte, los terrenos de juego eran interminables y ovalados. Desde una portería no se veía la otra. Llegábamos a ver saltos imposibles, con chilenas incluidas, a 10 metros del suelo. Incluso había gente que se subía a los largueros para ganar más altura. No sé cómo funcionan las leyes de la física , pero seguro que la fuerza gravitatoria no era de 9’8 metros por segundo.
Había tiros asesinos con efectos imposibles que solo podían detenerse si te ponías delante, la cara o la tripa preferentemente. Aún y todo a veces rompían la red. Imaginaos el dolor que debían provocar a los porteros. Algunos hasta se quemaban las manos. En ocasiones, esos chutes duraban varios minutos en llegar a la portería (pausa publicitaria incluida), eso sí que era tensión infantil.
La estrategia de todos los equipos apenas consistía en acompañar a los lados al capitán, que solía ser el mejor y se regateaba a todos. No me extraña que Japón nunca haya hecho nada en un Campeonato del Mundo. ¡Pero si ni siquiera juegan con una alineación! Todos van a bloque, como en el patio del colegio. Bueno, en los planos generales de todo el campo, los defensas centrales defendían en el área pequeña y los laterales en los corners, algo imposible en el fútbol real. La táctica del fuera de juego la llegó a practicar un equipo, pero tardaban una eternidad en hacerla. Así se iban avisando unos a otros. ¡Vamos, hagamos el fuera de juego! Corrían medio Km. y conseguían que pitarán el fuera de juego con la consiguiente cara de pasmado del respetable. ¿Pero es que ninguno de los dibujantes había visto nunca un partido de fútbol?
Sólo se podía robar un balón tirándote en plancha por el suelo con la pierna por delante, como no, el “malo” del equipo se daba un trompazo de impresión, pero el bueno se alzaba del suelo cual ave fénix resurgiendo de sus cenizas dejando al contrario boquiabierto.
En fin, el surrealismo que inspiraba esta serie nos ha hecho reír hasta hartar, pero que hubiera sido de ella sin todos estos errores gravitatorios, fantasmadas demenciales y el resto de majaderías que se les ocurría a los creadores. Oliver y Benji habría sido vulgar e irreparablemente monótona, así que, a pesar de todas las lesiones y raspazos que produjo en los niños de nuestra edad tengo que decir: ¡Viva el irrealismo de Oliver y Benji!
Particularmente tengo una teoría. Ésta señala que en la serie, los japoneses nos querían mostrar que en un futuro cercano iban a ser los mejores jugadores de fútbol porque sabían combinar a la perfección fútbol y espectáculo. Eso está aún por ver, pero por si acaso no te pierdas el próximo mundial en Alemania 2006. A ver si Japón nos va a dar una sorpresa.



Sol dijo
Javi...tienes un problema con Oliver y Bengi... Pero hay que decir que te has currao bien el nuevo artículo...Tá mu chulo...arsa, quillo...torocotó!
2 Diciembre 2005 | 09:55 AM